Un estudio internacional, publicado en la revista Nature Neuroscience y con la participación del Dr. Antonio Miranda-Vizuete del Instituto de Biomedicina de Sevilla (IBiS), revela que el frío y el litio pueden retrasar significativamente la pérdida de memoria. La investigación se centra en el modelo de organismo Caenorhabditis elegans, donde se observa que la exposición a bajas temperaturas prolonga la duración de los recuerdos olfativos hasta ocho veces más que en condiciones normales. Además, se concluye que el olvido es un proceso activo regulado por circuitos neuronales específicos, desafiando la idea de que es un fenómeno inevitable. El litio, conocido por su uso en trastornos psiquiátricos, también demuestra efectos positivos sobre la estabilidad de los recuerdos, sugiriendo nuevas perspectivas sobre su influencia en el sistema nervioso. Estos hallazgos ofrecen información valiosa sobre los mecanismos fundamentales de la memoria y sus implicaciones para organismos más complejos.
Un reciente estudio internacional, publicado en la revista Nature Neuroscience, ha revelado que tanto la exposición a temperaturas frías como el tratamiento con litio pueden retrasar significativamente el proceso de olvido en el organismo modelo Caenorhabditis elegans.
La investigación, que contó con la participación del Dr. Antonio Miranda-Vizuete, investigador del grupo Homeostasis Redox del Instituto de Biomedicina de Sevilla (IBiS), es notable por ser la única contribución española en este análisis.
El enfoque principal del estudio fue la memoria olfativa, un tipo de aprendizaje crucial para la adaptación al entorno. En C. elegans, los recuerdos relacionados con olores suelen desvanecerse pocas horas después de ser adquiridos. Sin embargo, los hallazgos indican que cuando estos organismos se mantienen a bajas temperaturas, la duración de sus recuerdos puede extenderse hasta ocho veces más en comparación con condiciones normales.
Uno de los descubrimientos más significativos es que el olvido no debe considerarse un proceso pasivo o inevitable. Los datos sugieren que se trata de un fenómeno activo, regulado por circuitos neuronales específicos y mecanismos moleculares que afectan la estabilidad de los recuerdos.
Los resultados también demuestran que el efecto del frío no se limita a una simple ralentización del metabolismo general. Animales previamente adaptados a temperaturas bajas no mostraron el mismo retraso en el olvido, lo cual indica que el sistema nervioso ajusta activamente la duración de la memoria según las experiencias y el entorno.
Además, los investigadores encontraron que el litio, un fármaco utilizado durante décadas para tratar trastornos psiquiátricos, tiene un impacto similar en la memoria dentro de este modelo experimental. El litio actúa sobre vías de señalización neuronal comparables a las moduladas por el frío, afectando así a circuitos implicados en la pérdida de memoria.
A través del uso de Caenorhabditis elegans, los científicos han podido examinar con precisión los mecanismos celulares y moleculares del sistema nervioso, muchos de los cuales son comunes en organismos más complejos. Aunque se realizó en un organismo sencillo, este estudio proporciona información valiosa para entender principios generales sobre cómo se forman, mantienen y eliminan los recuerdos.
El estudio demuestra que tanto la exposición al frío como el tratamiento con litio pueden retrasar de forma significativa el proceso de olvido en el organismo modelo Caenorhabditis elegans.
El Dr. Antonio Miranda-Vizuete, investigador del grupo Homeostasis Redox del Instituto de Biomedicina de Sevilla (IBiS), fue el único investigador español implicado en este estudio, que se centró en la memoria olfativa y cómo esta puede prolongarse bajo ciertas condiciones.
Los resultados muestran que cuando los animales se mantienen a bajas temperaturas, la duración de los recuerdos olfativos se prolonga notablemente, llegando a conservarse hasta ocho veces más tiempo que en condiciones normales.
Se descubrió que el olvido no es un proceso pasivo o inevitable, sino un proceso activo controlado por circuitos neuronales específicos y mecanismos moleculares que regulan la estabilidad de los recuerdos.
El litio, un fármaco utilizado para tratar trastornos psiquiátricos, también puede retrasar el olvido en este modelo experimental, actuando sobre vías de señalización neuronal similares a las moduladas por el frío.
Aunque se realizó en un organismo simple, los hallazgos aportan información relevante para comprender principios generales sobre cómo se forman, mantienen y eliminan los recuerdos, ya que muchos mecanismos celulares y moleculares están conservados en organismos más complejos.