Revista Hora Punta

Globalización del pánico

José Tomás Cruz | Domingo 29 de noviembre de 2015
Tras los terribles sucesos de París y Mali, nuevamente vivimos asustados e instalados en una permanente duda y eso es lo terrible de nuestra situación y sin que nadie nos pueda garantizar como superar el trance.

Abrimos fronteras, procuramos facilidades y ahora, con tal forma de actuar ya no sabemos si estamos metiendo en nuestras casas a la hidra de las siete cabezas, a la cual no solo le proporcionamos refugio y entregamos confianza ignorantes de como la utilizarán. Por el momento, depende de los distintos gobiernos el respaldar y ampliar los planes de seguridad de los países implicados.

Las decisiones que se toman por el temor a nuevos ataques de esta tropa de canallas, no siempre resultan ser las más acertadas. Corremos el peligro de que el IS, con la facilidad actual para acceder a cualquier tipo de armamento , explosivos e incluso el empleo de dañinos productos químicos ante futuros atentados, adquiera dimensiones muy superiores. Llegado es el momento de olvidar reticencias y sacrificar algo de nuestra libertad en pro de la necesaria protección tal como han reconocido 7 de cada 10 franceses cuyo sentido de la democracia está más que reconocido.

Cuando leemos que en Francia residen cinco millones de musulmanes y pensar que con solo un 1%, es decir, 50.000 ciudadanos, puedan vivir amargados, sin empleo y cargados de odio, al margen de que practiquemos religiones e idiomas diferentes, el sentimiento de venganza es permanente y habita en su ADN aunque solo sea para ejercer el revanchismo.

Por el momento y como siempre, para demostrar la gran preocupación de gobiernos y políticos, se convocan reuniones del mayor alto nivel, tratando de encontrar soluciones, unido a las manifestaciones de solidaridad requeridas y obligadas, buscando una seguridad que el miedo nos impide asimilar, pero necesarias para resaltar nuestra afinidad contra el terrorismo. Inicialmente se apela a la cortesía política, pero en estos momentos la diplomacia se convierten en algo inútil que en nada ayuda y menos soluciona. Los radicales islámicos están demostrando saber organizarse repartiendo el pánico más cruelmente. Han aprendido a administrar mejor sus recursos y asesinan con una impunidad inaudita, que posteriormente los medios de comunicación se encargan de que la noticia en minutos de la vuelta al mundo.

Dado el ingente volumen de ingresos con que cuenta la Yihad procedentes del petróleo, secuestros, trata de blancas, droga, donaciones, etc., utilizan un tipo de terrorismo más sofisticado que no orientan hacia los dirigentes políticos, sino hacia a una sociedad indiscriminada, normal e inocente. a sabiendas que con tales exterminios el efecto-maldad será muy superior. Su pretensión es que las matanzas en masa se convierta en un desafío global muy difícil de evitar para el mundo occidental, lo que nos obliga a contar con la colaboración de la comunidad internacional, sin escatimar recursos y mantenida a lo largo del tiempo. Justo es reconocer que muchos españoles, aunque siempre existen excepciones, sentimos envidia por el ejemplar comportamiento de la ciudadanía francesa y sus políticos ante la barbarie padecida.

De alguna forma habrá que terminar con las salvajadas de estos bárbaros y en lo que a España respecta, gozamos con unos magníficos Cuerpos de Seguridad, Investigación y Ejército cuya eficacia y disciplina está más que demostrada de lo que nos sentimos altamente orgullosos.

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