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Historias de superación: Cisco García

(Foto: Instagram).
Estilo y Salud | Lunes 09 de noviembre de 2020
La historia de Cisco García es la de un abogado apasionado de los viajes y del snowboard al que le cambia la vida un día de 2015, año en el que tiene un accidente en la estación de esquí de Mayrhofen (Austria) que le deja en silla de ruedas.

Y es que Cisco García tenía una vida envidiable: trabajaba como abogado, estaba enamorado de su pareja, viajaba mucho, tenía una vida social muy activa... y todas las Navidades se iba con sus amigos a Austria para comenzar el año practicando snowboard, su pasión.

Fue en uno de esos viajes cuando un mal salto lo cambió todo. Tenía treinta y tres años. Cuando despertó en el hospital, supo que su vida había cambiado para siempre: el accidente le había dejado en silla de ruedas.

Tras una larga operación, varios meses de rehabilitación, mucha tristeza y malos momentos, decide cambiar el chip y afrontar su nueva situación, disfrutando de la segunda oportunidad que le ha regalado la vida.

Deja su trabajo como abogado y se adentra en el mundo del tenis en silla, al que juega su primera temporada como profesional en 2018. Desde entonces, ha ganado varios títulos nacionales e internacionales, y ha llegado a situarse en el puesto número 4 del ranking nacional y número 58 del ranking mundial.

En 2017 fue galardonado con el Premio Al-Ándalus al Cordobés del Año y produjo Cisco 2020, Massive Rebel, un documental sobre su historia que acumula casi doscientas mil visitas en YouTube. En 2020 recibió la Bandera de Andalucía al Deporte. Al grito de «dadnos muros para poderlos derribar», ha viajado con su silla a la India, Costa Rica, Panamá, Sri Lanka, Tailandia y Canadá, entre otros países, y vive la vida con una energía que se contagia.

«Nunca supe lo que es ser fuerte hasta que ser fuerte era la única opción que me quedaba»

Cisco García, es además aspirante a los Juegos Paralimpicos de Tokio y está entre los "100 mejores influencers" de España según Forbes. En la actualidad, además del tenis, imparte charlas para empresas y comparte su vida en las redes sociales, donde tiene más de 250.000 seguidores para los que se ha convertido en todo un ejemplo de lucha y de superación sin perder nunca la sonrisa.

Todas estas experiencias las ha plasmado en un libro donde Cisco nos cuenta su historia y comparte con nosotros sus reflexiones y los aprendizajes que ha obtenido a lo largo de su vida y que le han ayudado a superar los momentos más difíciles. Porque, como él mismo dice, no hay que huir de las dificultades, hay que enfrentarlas, y entender que las cosas requieren tiempo y esfuerzo.

En la vida nos sucederán cosas que serán maravillosas y otras que serán muy duras, todo forma parte de la experiencia. Lo importante es la actitud que mantengamos. Que nos levantemos después de caer. Que abracemos la vida tal como nos viene, buscando siempre la manera de salir adelante. Éste es el espíritu de Cisco y así nos lo transmite en las páginas de este libro.

EXTRACTOS DEL LIBRO

Introducción

«Lo que sí tenía claro era que quería contar mi manera de entender la vida, y vaya por delante que no tengo la certeza de que sea mejor que otras maneras de vivirla, pero es mi manera, la que me hace feliz, y me apetece contarla por si pudiera inspirar a otras personas.»

«Escribo este libro sin grandes pretensiones. No sé si llegará a mucha o a poca gente, y no sé si les ayudará a enfrentarse a este mundo loco en el que vivimos y si les dará herramientas para encarar las distintas circunstancias a las que nos expone la vida. Lo que sí sé es que lo escribo desde lo más profundo de mí.»

«Ahora, desde mi silla, sigo persiguiendo sueños, viviendo con intensidad y disfrutando la vida al máximo, habiendo añadido además dos pasiones, dos retos: uno, el tenístico, de meterme en lo más alto que pueda en el circuito mundial; y otro, el social, que es ayudar a cambiar la visión que la sociedad tiene de la discapacidad. Si por el camino puedo inspirar algunas vidas, darles motivos para creer, para luchar, para vivir y para sonreír, todo habrá merecido la pena.»

Lesión

«Voy a contarte lo ocurrido aquel día y los meses posteriores, que fueron muy duros, y voy a contarlo profundamente, escarbando en lo ocurrido, para intentar aproximarte lo máximo posible a lo que viví. Cuando voy a conferencias, siempre lo cuento de manera muy automatizada, pasando de puntillas para que no me haga daño. Profundizar ahora va a ser duro, llegarán recuerdos difíciles. Suelo mandar al cajón del olvido lo que puede hacerme daño, anestesio esos sentimientos. Ahora me enfrentaré a ellos.»

«El golpe fue tan violento que reboté contra el suelo y volví hacia arriba con mucha fuerza, y al parecer eso fue lo que me reventó la vértebra, el rebote. La vértebra a nivel D11 se desplazó unos dos centímetros, y como consecuencia me dañó la médula.»

«De aquellos primeros días en Austria también recuerdo los despertares extremadamente duros. Era como despertar de una pesadilla, sólo que esta vez era verdad.»

«Cuando estás muy mal, te agarras a lo que sea para ir para arriba, a pequeñas cosas que son insignificantes pero que te hacen sentir mejor.»

«Pasitos cortos, pequeños logros. Creo que esto es con todo en la vida. Cuando tengo muchos frentes abiertos, intento ir uno por uno, solucionando cosas poco a poco, y eso hace que no me agobie tanto. Cuando tienes muchas cosas e intentas resolverlas todas a la vez puede llegar la ansiedad.»

«La realidad me golpeó en la cara y empezó a serme más evidente el lío monumental en el que me había metido. Ese día me puse bastante triste. Llegué a la habitación, respiré hondo y me fui al comedor a cenar con el resto de los pacientes. Miraba a mi alrededor, con todo el mundo en silla, gente mayor, gente joven, gente con medios económicos, sin ellos, gente de ciudad, gente de pueblo…, la lesión golpeaba a todos por igual.»

«Al día siguiente desperté con una idea clara, y era que de este lío tenía que salir yo. Mi familia y amigos podían ayudarme, y yo lo agradezco infinitamente, pero yo me había metido en eso, y yo tenía que salir de eso.»

«Había vuelto el Cisco de siempre, el inquieto y curioso que quería hacer mil cosas, y al que no le importaba caerse porque sabía que, si vives intensamente, caerse es una parte más de la vida, y sabía que siempre se levantaría una vez más.»

Aprender a disfrutar del camino

«Es muy común ver historias de depresiones en gente rica, famosa y de éxito que parecen tenerlo todo en la vida. Entonces, si lo tienen todo, ¿por qué están tristes? Supongo que las razones serán muchas, pero tengo claro que una de las principales es que el ser humano nunca está satisfecho con lo que tiene.»

«Por lo general, vivimos obsesionados con la meta, con lo que está por venir, con lo siguiente, con lo que ansiamos conseguir, y se nos olvida disfrutar de nuestros pasos, del camino que estamos recorriendo, que es lo que en realidad cuenta, lo bonito y lo único totalmente cierto. El momento presente es la única certeza que tenemos. […] Después, cuando llega lo que ansiábamos, es un instante efímero, y al poco ya no estamos satisfechos, queremos más.»

«Como ejemplo personal, te cuento que uno de mis objetivos era clasificarme para los Paralímpicos de Tokio 2020, que debido a la crisis de la COVID-19 se han pasado al verano de 2021. Antes de este cambio, para clasificarme para los Paralímpicos tenía que estar a fecha 8 de junio de 2020 entre los cuatro mejores del país y entre los cuarenta mejo-res del mundo. Por lo tanto, desde junio de 2019 los torneos que jugaba ya contaban para dicha clasificación. […] a medida que avanzaba el año y que los resultados que esperaba llegaban con cuentagotas, dejé de disfrutar e ir a jugar me suponía un problema. Me había obsesionado tanto con el objetivo que había dejado de MARÍdisfrutar del proceso.»

«En diciembre, en Kenia, en el último torneo del año, en el que encima me lesioné y me fue fatal, toqué fondo, y después de estar varios días muy jodido, me di cuenta de que no valía la pena estar así. […] me di cuenta de que me había perdido de mi idea de vida, que es ser feliz. […] Aunque sea luchando, que también se disfruta mucho si es lo que te motiva, la vida es para disfrutarla. Pero si no disfrutas esa lucha, si comienza a ser un infierno, no merece la pena.»

«[…] comencé a entrenar una semana al mes en el Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat del Vallès, me cambiaron la técnica de golpeo, la forma de entrenar… En definitiva, busqué soluciones a mi juego pero, sobre todo y más importante, dejé de obsesionarme con el objetivo.»

«[…] creo que hay que luchar por los objetivos, creo que es bueno ser inconformista y querer seguir mejorando y prosperando, pero sin perder de vista el camino, que hay que recorrerlo disfrutando y siendo feliz.»

Responsabilidad

«La responsabilidad es asumir las consecuencias de tus propios actos, es buscar soluciones a tu situación, es abrir caminos con tus propias manos, sin poner excusas. Es manejar tu vida y ser consecuente con lo que hagas.»

«Yo elegí el snowboard, yo elegí el freestyle, yo elegí saltar, yo asumí un riesgo, yo me la pegué, y ahora soy yo quien tiene que afrontar la situación. No sería justo para los que me rodean que yo hubiera hecho y disfrutado todo eso, y ahora no asumiera las consecuencias y les amargara la vida llorando de esquina a esquina. No puedes pretender ser libre y que no te pase nada.»

«Hay muchas maneras correctas de vivir, la que le haga feliz a cada persona. Ésta es la que me hace feliz a mí.»

«Cuando llegan adversidades grandes, lo normal y lo fácil es hundirse. Yo también he estado en el fango, pero hay que tirar para adelante. Y si no queremos hacerlo por nosotros, o no podemos porque ya no nos quedan casi fuerzas, al menos tenemos que hacerlo por los que nos rodean. Nadie tiene que pasar la condena de vivir junto a una persona sin ganas de nada, porque entonces nuestros problemas están salpicando a los demás, y eso no es justo.»

«Que quede claro: tú eres quien dirige tu vida, y nadie vendrá a sacarte las castañas del fuego. Y tampoco creo que sea bueno que lo hagan, pues si sobreproteges a alguien, lo estás volviendo débil.»

«En mi situación personal en silla de ruedas, siempre traté de evitar la sobreprotección, porque sabía que me iba a acomodar. Cuando llegué al Hospital Nacional de Parapléjicos, me llamaron mucho la atención algunas imágenes de personas lesionadas en silla, la madre o la novia empujando y detrás los familiares o amigos. Parecía una procesión con todos los penitentes detrás. La situación inspiraba cierta tristeza y creo que era mala para el lesionado, pues te hace parecer débil y pequeño, y hunde a los que están alrededor. Recuerdo que una enfermera con la que me llevé muy bien desde el principio me cogió un día y me dijo: «No dejes que nadie te empuje la silla. Tu silla te la empujas tú, porque aunque ahora creas que no, serás capaz de hacer todo por tu cuenta».»

Confianza

«Tras la lesión, salir a la calle era para mí un trago difícil. Suponía aguantar miradas de reojo de la gente, que te ofrezcan ayuda que no necesitas, condescendencia… No, no fue nada fácil, sobre todo en mi propia ciudad, en Córdoba, donde conocía a mucha gente. No quieres tener que pararte a contarle a cada uno cómo estás. En especial a gente que conoces de hola y adiós, y que cuando te ven esperan pararse para que les cuentes tu situación.»

«La única manera de superar esos miedos fue enfrentarlos, salir a los sitios, y con tiempo eso dejó de preocuparme. Es cierto que tardó tiempo, iba siendo muy gradual, pero hasta que dejó de preocuparme por completo, tuvo que pasar quizá un año entero paseando por mi ciudad.»

«La única manera de dejar de sentir miedo es enfrentarte a ese miedo, porque si no se va a hacer crónico. Y te aseguro que en cuanto le plantes cara dos o tres veces, va a desaparecer. Pruébalo, por favor, enfréntate a esos miedos, aunque cueste trabajo, te garantizo que los vencerás.»

«La primera vez que cogí un vuelo estando en silla fue a Japón, ocho meses después del accidente. El viaje comenzó siendo un desastre. Cuando vas en silla, para acceder a tu asiento necesitas una silla especial, muy estrecha, que te lleve hasta tu asiento, y lo haces con la asistencia de dos operarios del aeropuerto. […] Aparte de mi preocupación por si se les olvidaba meter mi silla en la bodega, en lo que insistí fervientemente, ya que si no, no podría moverme al llegar a Tokio, mi gran preocupación inmediata fue cómo iba a ir al baño. Le pregunté a la azafata y me preguntó si no podía andar. Por aquel entonces, que llevaba poco en silla y no conocía la realidad, me pareció la pregunta más absurda de la historia. Señora, he entrado en silla de ruedas, obviamente no puedo andar. En su descargo diré que mucha gente que usa la asistencia del avión sí puede caminar pequeños tramos con ayuda, de ahí su pregunta. Al no poder yo andar nada, tenía un problema porque no tenía cómo desplazarme para ir al baño.»

«Pues bien, la primera en la frente. Era mi primer vuelo, estaba tenso y llevaba poco lesionado, por lo que aún no tenía regulada mi barriga y no conocía mis sensaciones. En mitad del vuelo me dio un apretón y tuve que ir al baño del avión arrastrándome por el suelo. […] En aquel momento me maldije por haber querido viajar a Japón. Pensaba: «Qué narices haces aquí, tendrías que estar en el sofá de tu casa viendo la tele tranquilamente». Sin embargo, parece curioso, pero ese viaje fue uno de los mejores de mi vida. Lo pasamos increíblemente bien y me di cuenta de todo lo que podía hacer y disfrutar en una silla de ruedas.»

«Al volver a España estaba lleno de confianza y energía. Ya he contado que hasta entonces, cuando sonaba el despertador pronto para ir a entrenar o a cualquier otra actividad, siempre lo apagaba y seguía durmiendo […] Sin embargo, al aterrizar en España tras esos días en Japón, cuando estábamos conduciendo hasta Córdoba, pensé: «Si te ha tocado esta situación difícil, ahora es cuando más tienes que apretar los dientes, aguantar como un jabato y luchar, aunque no te queden fuerzas y lo veas todo negro, y lo único que te quede sea esa voluntad de luchar».»

«Japón fue un punto de inflexión importantísimo para afrontar mi nueva vida.»

«Lo que me ocurrió en Japón me parece una metáfora de la vida. Para disfrutar de algo, para ser feliz, para triunfar, primero tienes que atreverte a hacer eso que quieres y te da reparo, aunque parezca una locura» «Si quieres hacerlo, vas y lo haces. Y si tienes miedo, vas y lo haces con miedo.»

La tortuga coja que se empeñó en seguir viviendo

«Para terminar, quiero contar una cosa que me ocurrió en el verano de 2017 en Costa Rica y que me marcó mucho. […] En Tortuguero, una zona selvática en la provincia de Limón, al noreste de Costa Rica, hicimos muchas actividades en la naturaleza y una noche fuimos a ver el desove de las tortugas.»

«En plena noche fuimos con un guía local a la playa con la única iluminación de su linterna, provista con una luz especial no invasiva para las tortugas. […] Una tortuga llamó la atención del guía, que dijo que nunca había visto algo así y rápidamente nos avisó. Esta tortuga era tan particular porque le faltaba una patita y estaba volviendo al mar a duras penas, muy lentamente, pero a un ritmo firme. […] hizo sola todo el proceso de nadar miles de kilómetros con el resto de tortugas, entrar a la playa, desovar y volver al mar. Obviamente, esta tortuga necesitó mucho más tiempo que las demás para entrar y salir de la playa, pero lo hizo. No se rindió y siguió adelante con su tarea, con su vida.»

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