En femenino

Carmen Mola, Elena Ferrante o Violenta Moss huyen de los focos mediáticos y ocultan su verdadera identidad

Estilo y Salud | Jueves 03 de diciembre de 2020
Escribir bajo seudónimo es tendencia aunque no es algo nuevo en el mundo editorial. Este era el caso de las mujeres nacidas en los siglos XVIII o XIX con inquietudes literarias.

Estaba mal visto que las mujeres tuvieran intereses intelectuales y utilizaban el anonimato o un seudónimo masculino para poder editar sus obras. Mary Shelley publicó la primera edición de «Frankestein» como anónima.

En el siglo XX, también ha habido autoras que han decidido esconder su identidad por motivos bien diferentes. El éxito internacional de «Harry Potter» hizo que J.K.Rowling presentara sus nuevos manuscritos bajo el nombre de Robert Galbraith. La creadora de la exitosa serie «Cincuenta sombras de Grey», E.L. James, se llama en realidad Erika Leonard, pero utilizó un seudónimo difuso que invitaba a pensar en un autor masculino. Hasta Agatha Cristie escribió varias novelas románticas bajo el seudónimo Mary Westmacott.

En la actualidad, que algunas autoras oculten su identidad para presentarnos sagas de intriga y suspense se ha convertido en tendencia. Su identidad encubierta, no hace más que multiplicar el misterio, y quizás también las ventas.

Carmen Mola es una de estas enigmáticas mujeres. Sabemos que tras el seudónimo se esconde una profesora universitaria madrileña, casada y madre de tres hijos. La saga de la inspectora Elena Blanco —acaba de publicarse su último volumen, «La nena»— es cruda, violenta y descarnada. También un éxito superventas. Por más que le preguntan al respecto, no está dispuesta a dar más información sobre su identidad. "Mi seudónimo es un escudo", dice Mola.

Violenta Moss es la última incorporación a esta tendencia de misterio y anonimato. Su saga «Intrigas + Fetiches» —de momento hay disponibles dos volúmenes— está repleta de suspense, sexo y mentiras. También de referencias a Nietzsche y reflexiones sobre el ejercicio de la corrupción o la práctica religiosa. Sus personajes son redondos y el misterio provocado por la desaparición de dos de ellos nos acompañará hasta el final de la segunda parte, en una investigación de ritmo trepidante. Sobre Violenta Moss sabemos muy poco. Juega al despiste en redes sociales y sus libros solo indican que están basados en hechos reales. ¿El seudónimo esconde a algún testigo arrepentido? ¿De dónde sale la información que presenta en sus libros?

Elena Ferrante ha sabido mantener el misterio desde los años noventa, pero tras el éxito de la saga «Dos amigas», se inició una verdadera persecución para descubrir quién se escondía detrás del seudónimo superventas. Como bien saben los periodistas de investigación, la clave estuvo en "seguir el dinero". Los abultados derechos de autor generados por los libros apuntaron a la traductora italiana Anita Raja, si bien ésta no ha confirmado la veracidad de la información.

Que autoras como Violenta Moss o Carmen Mola oculten su identidad en pleno siglo XXI para presentarnos apasionantes historias policiacas y sagas de intriga y suspense no hace más que multiplicar el atractivo de sus obras. Afortunadamente su situación nada tiene que ver con la vivida por las mujeres de hace dos siglos, sino que parece estar más relacionada con las sorprendentes reglas de la mercadotecnia.

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