Un estudio del Instituto de Investigaciones Biomédicas de Barcelona y el CSIC ha identificado biomarcadores en sangre que podrían medir la respuesta a las psicoterapias en pacientes con depresión. La investigación, que involucró a 22 pacientes con trastorno depresivo mayor, encontró que las sesiones de terapia inducen cambios en microARN relacionados con mejoras cognitivas. Se observaron dos perfiles moleculares distintos: uno asociado a la remediación cognitiva y otro a la psicoeducación. Estos hallazgos sugieren que las terapias psicológicas tienen una base biológica medible y abren la puerta hacia un enfoque de psiquiatría de precisión, permitiendo personalizar tratamientos según el perfil molecular del paciente.
Una investigación realizada por el Instituto de Investigaciones Biomédicas de Barcelona (IIBB), en colaboración con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y el Institut de Recerca Sant Pau (IR Sant Pau), ha proporcionado evidencias sobre cómo las terapias psicológicas pueden inducir respuestas biológicas medibles a través de biomarcadores en sangre. Este estudio, que involucró a 22 pacientes con trastorno depresivo mayor en el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona, ha revelado que las sesiones psicoterapéuticas generan cambios en los microARN, moléculas que regulan la expresión genética y están asociadas con mejoras significativas en el estado cognitivo de los participantes. Los hallazgos han sido publicados en Scientific Reports.
El trabajo, liderado por Maria J. Portella del IR Sant Pau y Analia Bortolozzi del IIBB-CSIC, incluye también a Lluís Miquel-Rio y Muriel Vicent-Gil, del mismo hospital. Se centra en el trastorno depresivo mayor (TDM), una condición que no solo afecta el estado anímico, sino que también provoca diversas alteraciones cognitivas, como problemas de atención, memoria y función ejecutiva. Estos síntomas suelen persistir incluso tras recibir tratamiento, impactando negativamente la calidad de vida de los pacientes.
El objetivo principal del estudio fue examinar los mecanismos moleculares detrás de dos tipos de intervenciones psicológicas no farmacológicas para tratar el TDM: la remediación cognitiva integral y la psicoeducación. La primera busca mejorar funciones cerebrales como la atención y la memoria, mientras que la segunda se enfoca en ayudar al paciente a entender su trastorno para afrontarlo mejor.
Los investigadores llevaron a cabo un análisis de los microARN circulantes en sangre antes y después de doce semanas de intervención psicológica, con sesiones semanales. Los microARN son pequeñas moléculas que actúan como reguladores clave dentro de las células. Aunque se evaluaron a los pacientes seis meses después sin analizar nuevamente los niveles de microARN, los resultados iniciales son prometedores.
A lo largo del estudio se identificaron dos perfiles moleculares distintos entre los 22 pacientes analizados. Aquellos que recibieron remediación cognitiva mostraron una firma específica compuesta por siete microARN asociados a procesos cognitivos. Según Maria J. Portella, estos microARN están relacionados con redes genéticas cruciales para la neuroplasticidad y la transmisión sináptica, reflejando mejoras objetivas en el rendimiento cognitivo.
En contraste, la psicoeducación generó un perfil molecular diferente caracterizado por dos microARN: miR-126-5p y miR-195-5p. Analia Bortolozzi aclara que este perfil está más relacionado con la resiliencia ante el estrés celular que con mejoras cognitivas directas.
Los datos preliminares sugieren que ambas intervenciones afectan diferentes redes cerebrales y modifican firmas moleculares únicas. Dado que los microARN pueden cruzar la barrera hematoencefálica y ser detectados en plasma, se presentan como candidatos ideales para evaluar respuestas terapéuticas.
Aunque aún no se puede determinar si los cambios en los microARN son causa o efecto de las mejoras observadas, las investigadoras subrayan la necesidad de validar estos resultados en cohortes más amplias antes de su aplicación clínica generalizada. Lo cierto es que estas terapias psicológicas parecen actuar como estímulos biológicos específicos, induciendo trayectorias moleculares distintas.
Las diferencias observadas entre las firmas moleculares asociadas a cada terapia abren nuevas posibilidades para desarrollar biomarcadores sanguíneos que permitan monitorizar la recuperación cognitiva. Este avance podría facilitar un enfoque más personalizado en el tratamiento del trastorno depresivo mayor, permitiendo seleccionar intervenciones basadas en perfiles moleculares individuales en lugar del tradicional método clínico basado en prueba-error.
La investigación ha contado con financiación del Instituto de Salud Carlos III, la Fundació La Marató de TV3 y la Generalitat de Catalunya.
CSIC Comunicación
| Cifra | Descripción |
|---|---|
| 22 | Número de pacientes en el estudio |
| 12 semanas | Duración total de la intervención psicológica |
| 1 sesión por semana | Frecuencia de las sesiones psicoterapéuticas |
| 38 | Número de microARN analizados en el plasma |
El estudio encontró que las terapias psicológicas inducen respuestas moleculares medibles en la sangre, específicamente cambios en los microARN, que están relacionados con mejoras en el estado cognitivo de pacientes con trastorno depresivo mayor.
Participaron 22 pacientes con trastorno depresivo mayor en el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona.
Se analizaron dos intervenciones: la remediación cognitiva integral y la psicoeducación.
Los microARN son pequeñas moléculas de ARN que regulan la expresión de genes. En este estudio, se identificaron como biomarcadores potenciales para evaluar la respuesta a las sesiones psicológicas, ya que pueden atravesar la barrera hematoencefálica y ser detectados en plasma.
El objetivo es avanzar hacia una psiquiatría de precisión, donde la selección del tratamiento se personalice basándose en el perfil molecular del paciente, mejorando así la eficacia del tratamiento para el trastorno depresivo mayor.