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1 de cada 4 niños y niñas en el mundo vive en situación de pobreza alimentaria grave
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1 de cada 4 niños y niñas en el mundo vive en situación de pobreza alimentaria grave

jueves 06 de junio de 2024, 19:50h

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Los niños y niñas que viven en este nivel de pobreza alimentaria tienen un 50% más de probabilidades de sufrir algún tipo de desnutrición potencialmente mortal.
En el mundo, alrededor de 181 millones de niños y niñas menores de 5 años –uno de cada cuatro– viven en situación de pobreza alimentaria infantil grave, lo que aumenta en un 50% sus probabilidades de padecer emaciación, una forma letal de desnutrición, según revela el informe Pobreza alimentaria infantil: Privación nutricional en la primera infancia.

Este informe analiza las repercusiones y las causas de la privación alimentaria entre la población mundial más joven, en casi 100 países y en todos los grupos por nivel de ingresos. El documento alerta de que millones de niños y niñas menores de 5 años no pueden obtener ni consumir una alimentación nutritiva y variada para mantener un crecimiento y un desarrollo óptimos en la primera infancia y en etapas posteriores.

Se considera que los niños y niñas que se alimentan de dos de los ocho grupos de alimentos definidos, viven en situación de pobreza alimentaria infantil grave. Entre esos niños y niñas, cuatro de cada cinco se alimentan únicamente con leche materna y/o productos lácteos y/o un alimento básico rico en almidón, como arroz, maíz o trigo. Menos del 10% de ellos se alimenta de frutas y verduras, y menos del 5%, de alimentos ricos en nutrientes como huevos, pescado, aves y carne.

“Los niños y niñas que viven en condiciones de pobreza alimentaria grave están en una situación límite. Ahora mismo, esa es la realidad para millones de niños y niñas pequeños, y esto puede tener repercusiones negativas irreversibles para su supervivencia, crecimiento y desarrollo cerebral”, ha declarado la directora ejecutiva de UNICEF, Catherine Russell. “Los niños y niñas queúnicamente consumen alimentos de dos grupos al día, por ejemplo, arroz y algo de leche, tienen hasta un 50% más de probabilidades de padecer formas graves de desnutrición”, ha añadido.

El informe alerta de que, en un contexto en el que los países aún se están recuperando del impacto socioeconómico de la pandemia de COVID-19, los efectos de las crecientes desigualdades, los conflictos y la crisis climática han elevado el precio de los alimentos y el coste de la vida a niveles sin precedentes.

De los 181 millones de niños y niñas que se encuentran en situación de pobreza alimentaria grave, el 65% se reparte entre solo 20 países. Alrededor de 64 millones de niños y niñas afectados están en Asia Meridional, y 59 millones en África Subsahariana. En Somalia, por ejemplo, un país afectado por los conflictos, las sequías y las inundaciones, el 63% de los niños y niñas viven en situación de pobreza alimentaria infantil grave y, en las comunidades más vulnerables, más del 80% de los cuidadores declararon que sus hijos no habían podido comer durante un día entero.

En la Franja de Gaza, meses de hostilidades y restricciones a la ayuda humanitaria han provocado el colapso de los sistemas alimentarios y de salud, con consecuencias catastróficas para los niños y las niñas y sus familias. En cinco rondas de recopilación de datos efectuadas entre diciembre de 2023 y abril de 2024 se constató sistemáticamente que nueve de cada diez niños y niñas de la Franja se encuentran en situación de pobreza alimentaria grave y sobreviven con dos o menos grupos de alimentos al día. Todo ello demuestra el terrible impacto que el conflicto y las restricciones están teniendo sobre la capacidad de las familias para atender las necesidades alimentarias de sus hijos, y de la velocidad a la que esta realidad pone a los niños y niñas en riesgo de desnutrición potencialmente mortal.

El informe revela que cerca de la mitad (46%) de los casos de pobreza alimentaria infantil grave se da en hogares pobres en los cuales es probable que la limitación de los ingresos familiares sea uno de los principales impulsores, mientras que el 54 % –esto es, 97 millones de niños y niñas– vive en hogares relativamente más ricos, en los que los entornos alimentarios precarios y las malas prácticas alimentarias son los principales factores que determinan la pobreza alimentaria en la primera infancia.

Son diversos los factores que están agravando la crisis de pobreza alimentaria infantil, entre ellos unos sistemas alimentarios que no proporcionan a los niños y las niñas opciones nutritivas, seguras y accesibles; la incapacidad de las familias para permitirse una alimentación nutritiva; y la incapacidad de los progenitores para adoptar y mantener prácticas de alimentación infantil positivas. En muchos contextos, las bebidas azucaradas y los alimentos ultra procesados, que son más baratos, bajos en nutrientes y no saludables, se comercializan a progenitores y familias con estrategias agresivas y son la nueva normalidad en la alimentación infantil. Una alarmante proporción de niños y niñas que viven en condiciones de pobreza alimentaria, consumen estos alimentos y bebidas no saludables que desplazan de sus regímenes alimentarios otros productos que son más nutritivos y saludables.

En paralelo, ha habido éxitos notables. En Burkina Faso, por ejemplo, la prevalencia de la pobreza alimentaria infantil grave se redujo a la mitad al pasar del 67% en 2010 al 32% en 2021, al igual que en Nepal, donde se redujo desde el 20% en 2011 al 8% en 2022. En Perú, sin embargo, la tasa se ha mantenido por debajo del 5% desde 2014 pese a un prolongado período de declive económico, y en Ruanda pasó del 20% en 2010 al 12% en 2020.
Para poner fin a la pobreza alimentaria infantil, UNICEF hace un llamamiento a los gobiernos, las organizaciones humanitarias y de desarrollo, los donantes, la sociedad civil y la industria de alimentos y bebidas para, de forma urgente:

Transformar los sistemas alimentarios de manera que los alimentos nutritivos, diversos y saludables sean la opción más accesible, asequible y deseable para los cuidadores a la hora de alimentar a los niños y niñas.
Aprovechar los sistemas sanitarios para prestar servicios esenciales de nutrición con el fin de prevenir y tratar la desnutrición en la primera infancia, en particular con servicios de apoyo a agentes de salud y nutrición comunitarios para asesorar a progenitores y familias sobre prácticas de alimentación infantil y cuidado de niños y niñas.
Activar los sistemas de protección social para abordar la pobreza de ingresos a través de la concesión de transferencias sociales (dinero en efectivo, vales y alimentos), de forma que respondan a las necesidades alimentarias y nutricionales de los niños y niñas vulnerables y sus familias.

Con el propósito de acelerar las medidas destinadas a prevenir, detectar y tratar la pobreza alimentaria infantil grave y la malnutrición, UNICEF puso en marcha el año pasado el Fondo para la Nutrición Infantil con el apoyo del Ministerio de Relaciones Exteriores, del Commonwealthy de Desarrollo de Reino Unido, la Fundación Bill y Melinda Gates y la Children's Investment Fund Foundation (CIFF). El Fondo para la Nutrición Infantil es un mecanismo de financiación de múltiples asociados dirigido por UNICEF que incentiva las inversiones nacionales para acabar con la malnutrición infantil. UNICEF insta a los gobiernos, los donantes y los asociados financieros a que apoyen este fondo y den prioridad a políticas y prácticas sostenibles para poner fin a la pobreza alimentaria infantil grave y la malnutrición.

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